La historia en corto
Las piedras de Yap, llamadas rai, son ruedas de piedra caliza de entre unos 30 centímetros y unos 3,5 metros de diámetro, con un agujero en el centro, que se usaron como dinero en la isla de Yap, en el Pacífico. Se tallaban en Palaos, a unos 450 kilómetros, y se traían en canoa y en balsa. Casi nunca se movían: al pagar, la piedra se quedaba donde estaba y solo cambiaba el dueño, y todo el pueblo lo recordaba. Hoy se siguen usando en bodas, en la compra de tierras o para compensar un daño.
En esta historia 14 apartados
- ¿Qué son las piedras de Yap?
- ¿Cómo era el dinero de piedra y cuánto valía una piedra?
- ¿De dónde venían las piedras de Yap? El viaje a Palaos
- ¿Cómo se pagaba con una piedra que no se movía?
- ¿Quién fue David O'Keefe, el capitán de las piedras?
- ¿Por qué las piedras de O'Keefe valían menos?
- ¿Yap fue española? Banderas y cruces negras
- ¿Qué dijo Milton Friedman de las piedras de Yap?
- ¿Qué tienen que ver las piedras de Yap con Bitcoin?
- ¿Se siguen usando hoy las piedras de Yap?
- Las palabras de esta historia
- Cuándo y dónde
- La moneda
- Preguntas frecuentes
Historias del dinero · Capítulo 4
Esta serie documental cuenta cómo nació y cambió el dinero, y este capítulo va de las piedras de Yap: una isla del Pacífico donde el dinero más valioso eran ruedas de piedra que casi nunca se movían, y donde una familia fue rica durante generaciones gracias a una piedra hundida en el fondo del mar. El vídeo dura 27 minutos.
¿Qué son las piedras de Yap?
Imagina que tu familia es una de las más ricas del pueblo gracias a una piedra enorme, redonda, con un agujero en el centro, que ni tú, ni tu padre, ni tu abuelo habéis visto nunca: lleva generaciones en el fondo del mar. Y sigue valiendo. Esa piedra es dinero. En la isla de Yap, a unos 1.300 kilómetros al este de Filipinas, el dinero más valioso eran discos de piedra caliza, algunos más altos que una persona, traídos desde otras islas. Se llaman rai. Y casi nunca se movían de sitio: al pagar no cambiaba de casa la piedra, cambiaba quién era su dueño, y lo recordaba todo el pueblo.
¿Cómo era el dinero de piedra y cuánto valía una piedra?
Yap es un grupo de islas pegadas, rodeadas por el mismo arrecife de coral, que hoy forma parte de los Estados Federados de Micronesia. Hay cocoteros y pesca de sobra, pero no hay oro, ni plata, ni ningún metal.
En 1903 desembarcó allí William Henry Furness, un médico y antropólogo de Filadelfia. En 1910 publicó The Island of Stone Money, La isla del dinero de piedra. Furness llamaba a aquel dinero fei; hoy se le llama sobre todo rai. Eran ruedas macizas de piedra caliza de entre unos 30 centímetros y unos 3 metros y medio de diámetro, con un agujero en el centro para meter un palo y llevarlas a hombros.
El tamaño se medía con la mano, del pulgar al índice bien abiertos. Según un anciano de la isla llamado Fatumak, amigo de Furness, esto era lo que pagaba una piedra de tres de esas medidas, blanca y bien hecha:
Furness compró una de 50 centímetros por un hacha pequeña de hierro, un detalle que más adelante lo cambiará todo. Y apuntó con humor que cuando hacen falta cuatro hombres fuertes para robar el precio de un cerdo, robar deja de ser buen negocio. En Yap, escribe, los robos de piedras casi no existían.
Las piedras grandes eran para los momentos importantes: bodas, herencias, alianzas entre pueblos o para compensar un daño.
¿De dónde venían las piedras de Yap? El viaje a Palaos
Según una leyenda de Yap, un navegante llamado Anagumang encontró hace siglos una piedra que brillaba en unas islas del sur, y la mandó tallar primero como un pez, después como una luna, y al final como una luna llena: un disco con un agujero en el centro. Esas islas eran Palaos, hoy un país independiente, a unos 450 kilómetros al suroeste de Yap: casi la distancia entre Madrid y Barcelona en línea recta, pero en mar abierto. En sus cuevas, el agua de lluvia ha ido dejando, gota a gota, capas de una piedra blanca y cristalina. El arqueólogo estadounidense Scott Fitzpatrick, que ha excavado esas canteras, cuenta que, bien limpia y al sol, casi deslumbra.
Según las tradiciones, los de Yap pagaban el permiso para sacarla con trabajo y con regalos, como cúrcuma y nueces de betel. Y había que sacarla sin metal, con herramientas de concha y de piedra. Los arqueólogos han fechado las canteras: allí ya se trabajaba varios cientos de años antes de que llegaran los europeos, y todavía quedan discos a medio hacer, abandonados en el sitio.
Lo más difícil era volver. Las piedras pequeñas iban en las canoas; las grandes, sobre balsas de bambú que las canoas remolcaban por mar abierto. Según la oficina de turismo de Yap, eran unos cinco días de viaje con buen tiempo, pero una expedición entera, esperando los vientos buenos, podía durar más de un año. Y no todos volvían.
Por eso cada piedra tenía su historia, y no valía solo por su tamaño: valía por lo que había costado traerla. El trabajo, el peligro y, a veces, las vidas.
¿Cómo se pagaba con una piedra que no se movía?
Furness lo explicó así: cuando alguien cerraba un trato con una piedra demasiado grande para moverla, al nuevo dueño le bastaba con que se reconociera que ahora era suya. Ni siquiera se le hacía una marca. La piedra se quedaba donde estaba, delante de la casa del antiguo dueño.
¿Y cómo se sabía de quién era? Porque lo sabía todo el pueblo. Cada piedra grande tenía una historia que se contaba de memoria: de dónde vino, quién la trajo, por qué manos había pasado y quién era su dueño ahora. Scott Fitzpatrick y el economista Stephen McKeon, de la Universidad de Oregón, lo llaman un libro de cuentas hablado: un registro que no estaba escrito en ningún sitio, sino en la memoria de todos.
Así se entiende la historia de la piedra hundida, la que Fatumak le contó a Furness. El antepasado de una familia volvía de Palaos con una piedra enorme, atada a una balsa que remolcaban, cuando se levantó una tormenta violenta. Para salvar la vida cortaron la cuerda, y la piedra se hundió.
Todos los de la expedición dieron fe de que la piedra era magnífica y se había perdido sin culpa de su dueño, y el pueblo lo aceptó: valía lo mismo que si estuviera apoyada en la pared de la casa. En 1903, esa familia llevaba dos o tres generaciones siendo rica gracias a una piedra que nadie de la familia había visto ni tocado, y aun así podía pagar con ella. Fitzpatrick lo resumía en un reportaje de NPR, la radio pública de Estados Unidos: alguien es dueño de esa piedra, aunque nadie la haya visto en más de 100 años.
Si has visto el capítulo de la hawala, el sistema para enviar dinero a base de confianza, esto te sonará: allí el oro no cruzaba el desierto, viajaba una promesa. Aquí la piedra no cambia de casa: cambia lo que el pueblo recuerda. Y en el del trueque vimos que, mucho antes de las monedas, el dinero ya era sobre todo una cuenta de quién debe qué a quién. En Yap, esa cuenta estaba en la cabeza de cada vecino.
¿Quién fue David O'Keefe, el capitán de las piedras?
David O'Keefe había nacido en Irlanda hacia 1823 y en 1848, en los años de la gran hambruna de la patata, emigró a Estados Unidos. Acabó en Savannah, un puerto del sur, como capitán de barco. Medía casi 1,90, era pelirrojo y tenía muy mal genio, según cuenta la revista Smithsonian.
Cómo llegó a Yap tiene dos versiones: su familia contaba que un tifón lo arrojó a la isla en 1871; en Yap cuentan que llegó a comerciar en un junco comprado en Hong Kong. Lo seguro es que a principios de 1872 ya estaba allí.
O'Keefe quería copra, la pulpa del coco secada al sol, y pepinos de mar, un manjar en Asia. Pero a los isleños no les interesaba trabajar para él, ni las baratijas que otros comerciantes cambiaban por todo el Pacífico. Hasta que se dio cuenta de lo único que los de Yap querían de verdad: piedras. No era el primero en verlo (en 1865, el comerciante alemán Alfred Tetens ya había llevado en su barco a 10 hombres de Yap con sus piedras), pero O'Keefe lo convirtió en un negocio.
- Él ponía los barcos y el hierro. Llevaba a los talladores a Palaos, les daba herramientas de hierro y traía de vuelta las piedras.
- Los de Yap pagaban con copra y trabajo en los cocoteros.
- El negocio creció. En 1882 tenía a unos 400 hombres de Yap tallando piedras en Palaos, casi uno de cada diez habitantes de la isla.
- Las piedras crecieron. Ya no tenían que caber en una balsa: llegaban discos de más de 3 metros, y muchos más que nunca.
O'Keefe se hizo muy rico. Construyó una casa de ladrillo rojo en Tarang, un islote en medio del puerto de Yap, con piano, biblioteca y muelle propio, y sobre ella ondeaba su propia bandera: blanca, con dos letras negras, una O y una K. En 1954 Hollywood le dedicó una película, con Burt Lancaster.
¿Por qué las piedras de O'Keefe valían menos?
Las piedras de O'Keefe eran más grandes, más redondas y muchas más. Pero valían bastante menos que las antiguas. Una piedra tallada con conchas y traída en balsa tenía detrás un esfuerzo enorme; una tallada con hierro y bajada de un velero, mucho menos. Según los investigadores, las piedras de la época de los barcos europeos se valoraban menos, y las antiguas, hechas a la manera tradicional, pasaron a valer todavía más.
Lo demás lo hizo la cantidad: cuando de pronto hay mucho más dinero, cada pieza compra menos. Es la inflación, lo mismo que les pasó a las cauris cuando llegaron barcos enteros de conchas baratas.
O'Keefe no vio cómo acababa su historia. En abril de 1901 dejó Yap para volver a Savannah, y en mayo su goleta, la Santa Cruz, se perdió en un tifón en medio del Pacífico.
¿Yap fue española? Banderas y cruces negras
Durante unos años, Yap fue española. España decía que las islas Carolinas, donde está Yap, eran suyas desde el siglo XVI, pero nunca se había instalado allí. Cuando por fin lo intentó, en 1885, se encontró con un cañonero alemán en la bahía. Hubo grandes manifestaciones en Madrid, y Bismarck, el jefe del gobierno alemán, propuso como árbitro al papa León XIII, que dio la razón a España a cambio de que los alemanes pudieran comerciar libremente en las islas.
| Cuándo | Qué pasó |
|---|---|
| Agosto de 1885 | Llegan dos barcos de guerra españoles y un cañonero alemán; cada uno iza su bandera, pero no hay combate |
| 22 de octubre de 1885 | El papa León XIII da la razón a España |
| 1898 | España pierde Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam en la guerra contra Estados Unidos |
| 24 de junio de 1899 | Una ley cede a Alemania las Carolinas, con Yap y Palaos, y las Marianas, salvo Guam |
| 1914 | Al empezar la Primera Guerra Mundial, Japón ocupa Yap |
| Después de 1945 | Yap pasa a manos de Estados Unidos |
La ley de cesión se publicó en la Gaceta de Madrid del 29 de junio de 1899.
Los alemanes ordenaron arreglar los caminos de la isla, empedrados con bloques de coral, y nadie hizo nada. Oro y plata no había, y cobrar la multa en piedras era imposible: haría falta media isla para cargarlas. Así que un hombre fue de pueblo en pueblo pintando una cruz negra en las piedras más valiosas: desde ese momento eran del gobierno. Funcionó de inmediato: la gente, de pronto pobre, se puso a arreglar los caminos de un extremo a otro de la isla, y según Furness quedaron como los paseos de un parque. Luego se borraron las cruces: las piedras no se habían movido ni un centímetro, pero sus dueños volvieron a ser ricos.
Según un recuento japonés de 1929, había en la isla 13.281 piedras de dinero; en 1965 quedaban unas 6.600. Según algunos relatos, en la Segunda Guerra Mundial muchas se rompieron o acabaron en obras.
¿Qué dijo Milton Friedman de las piedras de Yap?
Esas cruces llamaron la atención de Milton Friedman, premio Nobel de Economía en 1976. En 1991 escribió un ensayo corto con el mismo título que el libro de Furness, The Island of Stone Money, y empezaba admitiendo lo que piensa casi todo el mundo al leer esta historia:
Qué tontería. ¿Cómo puede la gente ser tan ilógica?
Milton Friedman, The Island of Stone Money, 1991 (traducción nuestra)
Y contaba otra historia. En 1932 y 1933, el Banco de Francia, el banco central francés (lo que para nosotros es el Banco de España), temía que Estados Unidos abandonara el patrón oro, la promesa de cambiar los dólares por oro a un precio fijo: 20,67 dólares por cada onza, unos 31 gramos. Así que pidió convertir en oro sus dólares y que se lo guardaran allí mismo: en la cámara acorazada de la Reserva Federal de Nueva York, los lingotes se pusieron en cajones aparte con una etiqueta, propiedad de Francia. Bien podían haberlo hecho, escribe Friedman, con una cruz de pintura negra.
El oro no se movió ni un metro. Y, sin embargo, los periódicos financieros hablaron de pérdida de oro: el dólar pareció más débil y el franco, la moneda francesa, más fuerte. Para Friedman, aquella supuesta fuga de oro fue uno de los factores del pánico bancario de 1933, cuando la gente corrió a sacar su dinero de los bancos. El 6 de marzo de 1933, el presidente Franklin D. Roosevelt, que acababa de llegar al cargo, cerró todos los bancos del país, y unos 4.000 ya no volvieron a abrir nunca.
| En Yap | En los bancos centrales |
|---|---|
| Unos isleños se creen más pobres por unas cruces pintadas en sus piedras | Un banco se cree más pobre por unas marcas en unos cajones de su sótano |
| Una familia es rica por una piedra en el fondo del mar | El Banco de Francia es más rico por un oro guardado al otro lado del océano |
Y la tercera pregunta: ¿cuántos de nosotros hemos visto con nuestros ojos la mayor parte de lo que llamamos nuestra riqueza?
Para Friedman, la lección era esta: en el dinero pesa muchísimo lo que todos damos por cierto sin preguntarnos.
¿Qué tienen que ver las piedras de Yap con Bitcoin?
En 2009 nació otro dinero que tampoco se toca: Bitcoin. No hay un banco que lleve las cuentas, sino un registro de quién tiene qué, copiado en miles de ordenadores de todo el mundo, que se va alargando bloque a bloque con cada tanda de pagos. Se llama cadena de bloques, en inglés, blockchain.
En 2019, Fitzpatrick y McKeon publicaron un estudio comparando las dos cosas, Banking on Stone Money. Encontraron parecidos, pero ellos mismos señalan las diferencias:
| Piedras de Yap | Bitcoin | |
|---|---|---|
| El registro | Lo compartía todo el pueblo, de memoria | Es de todos y no depende de ningún banco central |
| Qué limita cuánto dinero hay | Lo difícil que era conseguirlo: un viaje a Palaos | Lo difícil que es conseguirlo: un enorme gasto de ordenadores y electricidad |
| Quién paga | Con nombre y apellidos, delante de todo el pueblo | No hace falta decir quién eres |
| Cada pieza | Única, con su propia historia | Un bitcoin es igual a cualquier otro |
Los autores tampoco afirman que el creador de Bitcoin se inspirara en Yap.
Y hay quien pide prudencia. En 2022, Jo Lindsay Walton, de la Universidad de Sussex, repasó un siglo de textos sobre Yap escritos fuera de la isla, de Furness a Friedman: muchos lo han usado para defender sus propias ideas, con errores y sin escuchar a los de Yap.
¿Se siguen usando hoy las piedras de Yap?
Sí, aunque la compra del día se paga en dólares estadounidenses. Cada pueblo tiene su banco de piedras, filas de discos a los lados de los caminos, y siguen cambiando de dueño sin moverse, en bodas, en la compra de tierras o para compensar un daño.
En 2006, el gobernador de Yap, Robert Ruecho, le contó al diario Los Angeles Times que había comprado unas tierras de cultivo con una piedra antigua. El mismo periódico contaba que un banco de Hawái había llegado a prestar dólares con piedras como garantía.
Hay incluso una en el museo del Banco de Canadá, en Ottawa. Es la más grande que se conoce fuera de la isla, y una de las pocas que sí se han movido. Varias veces.
Y frente a la costa de Yap sigue la piedra de aquella familia: nadie la ha visto nunca, pero tiene dueño, porque todo el mundo lo sabe. Quizá ese sea el secreto de cualquier dinero, de una piedra en el fondo del mar a un número en tu móvil: vale mientras todos estemos de acuerdo en que vale. ¿Cuándo fue la última vez que viste tu dinero?
Las ilustraciones del vídeo son recreaciones hechas con IA. La sal y el salario, y la historia de Bitcoin, tienen su propio capítulo. Para no perdértelos, suscríbete al canal de YouTube. Todos los capítulos están en Historias del dinero.
Datos y supuestos
- Los 20.000 dólares de 2006 van convertidos con el cambio medio del Banco Central Europeo de ese año (1,2556 dólares por euro): unos 16.000 euros. El precio del oro de 1932 (20,67 dólares la onza) va en dólares, como unidad de la época, porque no tiene una equivalencia útil en euros.
- Cuentas nuestras: el cerdo de unos 40 kilos (Furness habla de 80 a 100 libras), la distancia de unos 450 kilómetros entre Yap y Palaos y la de Madrid a Barcelona en línea recta, y la estatura de O'Keefe, casi 1,90 (6 pies y 2 pulgadas).
- Los cinco días de viaje son de la oficina de turismo de Yap, y que muchas piedras se rompieran en la Segunda Guerra Mundial, de relatos sin fuente firme; por eso van atribuidos.
- Que la supuesta pérdida de oro de 1932 ayudara a provocar el pánico bancario de 1933 es la tesis de Milton Friedman, y así se dice. Las frases citadas son traducciones nuestras.
Contenido divulgativo, no asesoramiento financiero ni fiscal.
Las palabras de esta historia
25 palabras que salen en el documental, explicadas en una o dos frases.
- Rai
- Las piedras de dinero de Yap: ruedas de piedra caliza con un agujero en el centro. Furness las llamaba fei.
- Yap
- Grupo de islas del Pacífico, a unos 1.300 kilómetros al este de Filipinas, que hoy forma parte de los Estados Federados de Micronesia.
- Palaos
- Islas del Pacífico, hoy un país independiente, a unos 450 kilómetros al suroeste de Yap. De sus cuevas salía la piedra de los rai.
- Caliza
- Piedra blanca. La de los rai tenía que ser blanca y de grano fino.
- Taro
- Un tubérculo parecido a la patata.
- Antropólogo
- Estudioso de los pueblos y sus costumbres, como William Henry Furness.
- Nácar
- La capa interior de algunas conchas, que brilla como una perla. En Yap, las conchas de nácar ensartadas eran el dinero menudo.
- Cauri
- Conchita blanca que fue dinero en medio mundo. En Yap se ponía entre concha y concha de nácar.
- Cúrcuma
- Un polvo amarillo que sale de una raíz. Con él y con betel pagaban los de Yap el permiso para sacar piedra en Palaos.
- Betel
- Una semilla que se masca en buena parte de Asia y del Pacífico.
- Copra
- La pulpa del coco secada al sol, de la que se sacaba aceite.
- Pepino de mar
- Un animal marino alargado que en Asia se pagaba como un manjar.
- Junco
- Un barco chino de velas de estera.
- Goleta
- Un velero de dos palos.
- Cañonero
- Un barco de guerra pequeño armado con cañones.
- Capuchinos
- Una orden de frailes. Fueron los misioneros de la Yap española.
- Inflación
- Cuando hay mucho más dinero que antes y cada pieza compra menos, como pasó con las piedras de O'Keefe.
- Banco central
- El banco que controla el dinero de todo un país, como el Banco de España, el Banco de Francia o el Banco de Canadá.
- Patrón oro
- La promesa de cambiar el dinero por oro a un precio fijo. En Estados Unidos, 20,67 dólares por onza hasta 1933.
- Onza
- Medida de peso del oro: unos 31 gramos.
- Reserva Federal de Nueva York
- El banco central de esa parte de Estados Unidos, donde el Banco de Francia guardaba su oro.
- Pánico bancario
- Cuando la gente corre a sacar su dinero de los bancos a la vez, como en Estados Unidos en 1933.
- Bitcoin
- Un dinero digital nacido en 2009, sin un banco que lleve las cuentas.
- Cadena de bloques
- En inglés, blockchain: un registro de quién tiene qué, copiado en miles de ordenadores, que se alarga bloque a bloque con cada tanda de pagos.
- Banco de piedras
- Las filas de rai a los lados de los caminos o delante de las casas de reuniones de cada pueblo de Yap.
Cuándo y dónde
De antes de los europeos a 2017
- Yap y Palaos (en el Pacífico), Savannah, Madrid, Nueva York y Ottawa
La moneda
Peso de plata de las Islas Filipinas (1897)
Recreación generada con IA de un peso de plata de las Islas Filipinas de 1897, del reinado de Alfonso XIII: el dinero de la administración española de la que dependieron las Carolinas, con Yap, de 1885 a 1899. En el anverso, la cabeza del rey niño de perfil; en el reverso, el escudo de España con la corona, entre dos columnas. No es la foto de una pieza de museo.
El monetario de la seriePreguntas frecuentes
¿Qué son las piedras de Yap?
Son los rai, ruedas de piedra caliza con un agujero en el centro que se usaban como dinero en la isla de Yap, en el Pacífico. Medían de unos 30 centímetros a unos 3,5 metros de diámetro y se tallaban en Palaos, a unos 450 kilómetros. Según el anciano Fatumak, una piedra de tres medidas de la mano (del pulgar al índice abiertos), blanca y bien hecha, pagaba 50 cestas de comida, un cerdo de unos 40 kilos o 1.000 cocos.
¿Cómo se pagaba con una piedra que no se movía?
La piedra se quedaba donde estaba, delante de la casa del antiguo dueño, y al nuevo le bastaba con que se reconociera que ahora era suya. Todo el pueblo sabía de memoria la historia de cada piedra grande y quién era su dueño: el arqueólogo Scott Fitzpatrick y el economista Stephen McKeon lo llaman un libro de cuentas hablado. Por eso una familia pudo ser rica durante dos o tres generaciones con una piedra hundida en el fondo del mar.
¿Quién fue David O'Keefe?
Un capitán irlandés que llegó a Yap hacia 1871 o 1872. Llevaba a los talladores de Yap a Palaos en sus barcos, les daba herramientas de hierro y traía las piedras; a cambio cobraba en copra y trabajo. En 1882 tenía a unos 400 hombres tallando en Palaos. Sus piedras eran más grandes y muchas más, pero valían menos que las antiguas. Desapareció en un tifón en 1901.
¿Qué dijo Milton Friedman sobre la isla del dinero de piedra?
En un ensayo de 1991 comparó a los isleños de Yap con el Banco de Francia, que en 1932 y 1933 hizo apartar su oro en cajones etiquetados dentro de la Reserva Federal de Nueva York. El oro no se movió, pero se habló de pérdida de oro, y para Friedman fue uno de los factores del pánico bancario de 1933. Su lección: en el dinero pesa muchísimo lo que todos damos por cierto sin preguntarnos.
¿Qué tienen que ver las piedras de Yap con Bitcoin?
En los dos casos hay un registro compartido de quién tiene qué, sin un banco que lleve las cuentas, y lo que limita cuánto dinero hay es lo difícil que es conseguirlo. Pero Fitzpatrick y McKeon señalan diferencias: en Yap cada pago se hacía con nombre y apellidos y cada piedra era única, y no afirman que el creador de Bitcoin se inspirara en Yap.
Fuentes
- W. H. Furness, The Island of Stone Money: Uap of the Carolines, Lippincott, 1910 (Project Gutenberg): cap. VII, el valor de las piedras según Fatumak, la piedra hundida y las cruces negras gutenberg.org · consultada el 26 de octubre de 2026
- M. Friedman, The Island of Stone Money, Working Papers in Economics E-91-3, Hoover Institution, 1991: el oro del Banco de Francia en Nueva York miltonfriedman.hoover.org · consultada el 26 de octubre de 2026
- S. M. Fitzpatrick, Shellfish assemblages from two limestone quarries in the Palau Islands, Journal of Ethnobiology 23(1), 2003: las canteras de Palaos, la leyenda de Anagumang y las piedras traídas con hierro ethnobiology.org · consultada el 26 de octubre de 2026
- S. Fitzpatrick y S. McKeon, Banking on Stone Money: Ancient Antecedents to Bitcoin, Economic Anthropology, 2019 (nota de la Universidad de Oregón): el registro hablado y la comparación con Bitcoin news.uoregon.edu · consultada el 26 de octubre de 2026
- M. Dash, David O'Keefe: The King of Hard Currency, Smithsonian Magazine: la vida de O'Keefe, los 400 hombres de 1882 y la inflación de piedras smithsonianmag.com · consultada el 26 de octubre de 2026
- D. Kestenbaum y J. Goldstein, The Island of Stone Money, NPR, 2011, con Scott Fitzpatrick: la piedra que nadie ha visto en más de 100 años npr.org · consultada el 26 de octubre de 2026
- A. Gropp, Steinreich in Mikronesien: das Steingeld von Yap, Münze des Monats, Universidad de Münster, mayo de 2021 uni-muenster.de · consultada el 26 de octubre de 2026
- R. C. Paddock, Pacific islanders' hard currency, Los Angeles Times (en The Seattle Times), 1 de julio de 2006: el gobernador Ruecho, el banco de Hawái y los recuentos de 1929 y 1965 archive.seattletimes.com · consultada el 26 de octubre de 2026
- J. L. Walton, Bitcoin and stone money: Anglophone use of Yapese economic cultures 1910-2020, Finance and Society 8(1), 2022 sussex.figshare.com · consultada el 26 de octubre de 2026
- Habele Institute, Yap Conflict: el conflicto de Yap de 1885 entre España y Alemania y los capuchinos habeleinstitute.org · consultada el 26 de octubre de 2026
- Gaceta de Madrid n.º 180, 29 de junio de 1899 (BOE): ley del 24 de junio de 1899 de cesión de las Carolinas, las Palaos y las Marianas, salvo Guam boe.es · consultada el 26 de octubre de 2026
- Federal Reserve History, Bank Holiday of 1933: el cierre de los bancos del 6 de marzo de 1933 federalreservehistory.org · consultada el 26 de octubre de 2026
- Museo del Banco de Canadá, Yap stone returns, 2017: la piedra de Yap de Ottawa bankofcanadamuseum.ca · consultada el 26 de octubre de 2026
- Oficina de turismo de Yap, cultura y tradición: los bancos de piedras y los cinco días de viaje visityap.com · consultada el 26 de octubre de 2026
- Federal Reserve History, Gold Reserve Act of 1934: el precio de 20,67 dólares la onza federalreservehistory.org · consultada el 26 de octubre de 2026
- The Nobel Prize, premio de Economía de 1976: Milton Friedman nobelprize.org · consultada el 26 de octubre de 2026
- Banco Central Europeo, cambio medio del dólar en 2006 (1,2556 dólares por euro) data-api.ecb.europa.eu · consultada el 26 de octubre de 2026
Quién hace esta historia. El equipo de Titanes del Dinero: escribimos el guion del vídeo, hacemos las cuentas con datos oficiales y las dejamos aquí para que puedas repetirlas. Si ves un error, escríbenos a info@titanesdeldinero.com.
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