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Titanes del Dinero

Historias del dineroCapítulo 2 · Arco 1: Antes de los bancos

Trueque: lo que cuentan los libros y lo que pasó de verdad

¿Existió el trueque antes del dinero?

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Ilustraciones al óleo generadas con IA para el documental: son recreaciones, no imágenes de la época.

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La historia en corto

El trueque es cambiar una cosa por otra sin dinero. Desde Adam Smith, en 1776, casi todos los manuales cuentan que así vivía la gente antes de las monedas y que el dinero se inventó para no depender de la doble coincidencia de necesidades. Pero nadie ha encontrado nunca un pueblo que viviera del trueque. Lo que sí hay son cuentas y deudas escritas en barro en Mesopotamia hace más de 5.000 años, más de 2.000 años antes de las primeras monedas. El trueque aparece entre extraños o cuando el dinero falla, como en los campos de prisioneros de la Segunda Guerra Mundial, en la Alemania de 1946 o en la Argentina de 2002.

En esta historia 12 apartados
  1. ¿Qué es el trueque y por qué es tan difícil?
  2. ¿De dónde sale la historia del trueque? De Aristóteles a Adam Smith
  3. ¿Hubo alguna vez una economía de trueque? Lo que encontraron los antropólogos
  4. ¿Qué había antes de las monedas? Deudas escritas en barro
  5. ¿Dónde sí hubo trueque? Cuando el dinero desaparece
  6. Argentina, 2002: el país que volvió al trueque
  7. Entonces, ¿existió el trueque?
  8. ¿Qué nos enseña el trueque sobre el dinero de hoy?
  9. Las palabras de esta historia
  10. Cuándo y dónde
  11. La moneda
  12. Preguntas frecuentes

Historias del dinero · Capítulo 2

Esta serie documental cuenta cómo nació y cambió el dinero, y este capítulo va del trueque: la idea de que antes del dinero la gente cambiaba una cosa por otra. En el vídeo, de 26 minutos, buscamos ese pueblo del trueque, viajamos a la Mesopotamia de hace 5.000 años y visitamos los sitios donde el trueque sí existió.

¿Qué es el trueque y por qué es tan difícil?

Imagina que eres panadero en un pueblo, hace un par de siglos, y te apetece carne. Ofreces una hogaza al carnicero a cambio de un buen trozo, pero él ya tiene todo el pan que necesita. No hay trato, y esa noche cenas pan.

Eso es el trueque: cambiar una cosa por otra, sin dinero. Su gran problema es que solo funciona si el otro necesita justo lo que tú tienes, y en ese mismo momento. Es lo que hoy se llama la doble coincidencia de necesidades. Según casi todos los manuales de economía, así vivía la gente antes de las monedas, y el dinero se inventó para salir de ese lío. Lo contamos desde hace 250 años. Solo hay un problema: nadie ha encontrado nunca un pueblo que viviera así.

¿De dónde sale la historia del trueque? De Aristóteles a Adam Smith

La idea es muy antigua. Hace más de 2.300 años, Aristóteles ya contaba en su Política que la gente cambiaba vino por grano y que de ese trueque nació el dinero. Pero quien la convirtió en la historia oficial fue el profesor escocés Adam Smith en 1776, con La riqueza de las naciones, uno de los libros fundadores de la economía. Según Smith, cambiar una cosa por otra es una inclinación natural que no tiene ningún otro animal.

Para explicar de dónde sale el dinero, Smith cuenta la escena del carnicero que tiene más carne de la que puede comer, y del cervecero y el panadero que solo pueden ofrecerle lo que él ya tiene de sobra. No la da como un hecho, sino como una suposición. Su solución es que cada uno guarde algo que todo el mundo acepte, y hace una lista de cosas que, según él, se usaron así: el ganado, la sal en Abisinia (la actual Etiopía), unas conchas en la costa de la India, el bacalao seco en Terranova (Canadá), el tabaco en Virginia y el azúcar en las islas del Caribe. Y un ejemplo de su país: un pueblo de Escocia donde no era raro que un obrero fuera a la panadería o a la taberna con clavos en lugar de dinero. Fíjate en el detalle: Smith escribe «según me cuentan». No lo vio, y no dice qué pueblo es.

En 1875, el economista inglés William Stanley Jevons le puso nombre al problema en Money and the Mechanism of Exchange: una doble coincidencia que casi nunca se da. Su ejemplo era Mademoiselle Zélie, cantante del Teatro Lírico de París, que dio un concierto en las islas de la Sociedad, en la Polinesia, y cobró su parte en especie: 3 cerdos, 23 pavos, 44 gallinas y 5.000 cocos, además de plátanos, limones y naranjas. Una fortuna que no había forma de convertir en otra cosa. La historia sigue en manuales como el de la Universidad Rice, en Estados Unidos: las economías sin dinero, dice, suelen funcionar con trueque. Es limpia y lógica, pero no tiene pruebas.

¿Hubo alguna vez una economía de trueque? Lo que encontraron los antropólogos

Durante más de un siglo, los antropólogos, los científicos que estudian cómo viven los pueblos, buscaron aquel pueblo del trueque. Lo primero que se cayó fueron los clavos. En mayo de 1913, Alfred Mitchell-Innes recordó en «¿Qué es el dinero?» que el ejemplo escocés ya se había desmontado en 1805: los tenderos vendían a los fabricantes de clavos el material y la comida, les compraban después los clavos y descontaban su valor de lo que les debían. Los clavos no eran dinero, sino la forma de pagar una deuda apuntada en un libro. De ahí sacó Innes una idea que entonces sonaba rarísima:

El crédito, y solo el crédito, es dinero.

Alfred Mitchell-Innes, «What is Money?», 1913 (traducción nuestra)

En marzo de 1985, la antropóloga Caroline Humphrey fue más lejos en la revista Man, con «Barter and Economic Disintegration»: nunca se ha descrito un solo ejemplo de economía de trueque pura y simple, y mucho menos que de ella surgiera el dinero. Todo lo que se sabe de los pueblos estudiados sobre el terreno, añadía, sugiere que algo así no ha existido nunca.

Humphrey no decía que el trueque no existiera. Había estudiado a los lhomi, un pueblo del noreste de Nepal, junto al Tíbet, que cambiaba arroz por la sal de los nómadas tibetanos. Con los de fuera hacían trueque directo: esto por esto, y cada uno a su casa. Con los conocidos, otra cosa: te doy ahora y ya me darás. Es decir, a deber.

En 2011, otro antropólogo, David Graeber, llevó esa idea al gran público con En deuda, cuyo segundo capítulo se titula «El mito del trueque». Su ejemplo: te gusta la vaca de tu vecino. No le ofreces veinte gallinas a cambio en ese momento. Te la llevas, y desde ese día le debes una. Con el panadero, igual: en un pueblo donde todos se conocen, se lleva la carne y queda debiéndola. Basta con acordarse de quién debe a quién.

¿Dónde aparece entonces el trueque? Juntando lo que vieron Humphrey y Graeber, en dos situaciones: entre extraños, con los que no tiene sentido quedar debiendo nada, y entre gente que ya conoce el dinero pero se ha quedado sin él. La cantante de los cocos de Jevons era, precisamente, una extranjera de paso.

¿Qué había antes de las monedas? Deudas escritas en barro

Para saber de dónde salió el dinero hay que ir a Mesopotamia, la tierra entre dos ríos, en el actual Irak. Hace más de 5.000 años, en la ciudad de Uruk, el centro de la vida no era un mercado, sino el templo, que recibía las cosechas, guardaba el grano y lo repartía. Y tenía que llevar la cuenta de todo.

Primero se usaron fichas de barro: conos y esferas para el grano, cilindros para los animales. Según la arqueóloga Denise Schmandt-Besserat, de la Universidad de Texas, cuando alguien quedaba a deber, sus fichas se encerraban en una bola hueca de arcilla hasta que pagaba, y de las marcas que se hacían por fuera salieron, hacia el 3200 antes de Cristo, las primeras tablillas. Parte de su teoría se discute, pero las tablillas están ahí: de las unas 5.000 más antiguas, halladas sobre todo en Uruk, unas 85 de cada 100 son contabilidad. La escritura nació para llevar cuentas. En la tablilla de Kushim aparece uno de los nombres propios más antiguos que se conocen, y es el de un contable: «cebada, 37 meses, cuenta final de Kushim», dice más o menos (para algunos especialistas, Kushim podría ser un cargo y no una persona).

Con el tiempo llegó una medida para ponerle precio a todo: el siclo de plata, que según el Museo Británico pesaba unos 8 gramos y medio, como 180 granos de cebada. Pero no era una moneda: no llevaba sello ni la cara de ningún rey. Era plata que se pesaba en una balanza, y muchas veces servía para poner precio a cosas que luego se pagaban con grano. Hacia el 1750 antes de Cristo, el rey Hammurabi de Babilonia hizo escribir sus leyes, y varias hablan de deudas:

Deudas, intereses y perdón en las leyes de Hammurabi (hacia 1750 a. C.)
Deudas, intereses y perdón en las leyes de Hammurabi (hacia 1750 a. C.)
Ley Qué dice
111 Quien se lleva fiadas 60 medidas de bebida devuelve 50 medidas de grano en la cosecha: la cerveza se servía a deber y se pagaba con la cebada.
108 La tabernera que no acepta grano, pide plata y engaña en el precio es arrojada al agua.
88 El interés de un préstamo es, como mucho, de un tercio en grano y del 20 % en plata.
117 Quien entrega a su mujer o a sus hijos para trabajar por una deuda los recupera libres al cuarto año.
48 Si una tormenta o una sequía arruinan la cosecha, ese año el deudor no paga: lava en agua su tablilla de deuda.

Leyes 48, 108, 111 y 117 en la traducción de L. W. King (Avalon Project, Universidad de Yale); la 88, en la selección de Hanover College. Las medidas son el ka, una medida de capacidad de la época.

A veces se borraba todo. Los reyes de Mesopotamia dictaban órdenes que cancelaban las deudas de los campesinos y liberaban a quienes trabajaban como siervos para pagarlas; de la del rey Ammisaduqa de Babilonia, hacia el 1646 antes de Cristo, se conserva el texto casi entero. En sumerio, la lengua de los primeros escritos de Mesopotamia, esa liberación se decía ama-gi («amargui»), volver a la madre: el hijo entregado por una deuda volvía a casa. Es una de las primeras palabras escritas para decir libertad, y los reyes de Lagash ya la usaban hace más de 4.300 años, como recoge el cono de Urukagina que guarda el Louvre y explica un estudio de M. Molina (Universidad de Murcia).

Las cuentas y las deudas en barro de Uruk son más de 2.000 años anteriores a las primeras monedas, que se fabricaron en Lidia, en la actual Turquía, a finales del siglo VII antes de Cristo, con electro, una mezcla natural de oro y plata, según explica John H. Kroll en la web de la expedición arqueológica de Sardes (Harvard). Primero vino la deuda. Mucho después, la moneda.

¿Dónde sí hubo trueque? Cuando el dinero desaparece

En noviembre de 1945, la revista Economica publicó el artículo de un joven economista británico, Richard Radford, sobre la economía de un campo de prisioneros. Lo capturaron en Libia en 1942 y pasó el resto de la guerra en campos de Italia y de Alemania, donde el dinero alemán solo servía para las deudas de juego. Llegaban paquetes de la Cruz Roja, con comida y entre 25 y 50 cigarrillos por hombre a la semana, y enseguida empezó el trueque. Un capellán, el sacerdote del campo, salió con una lata de queso y cinco cigarrillos, fue cambiando de barracón en barracón y volvió con un paquete entero.

Pero el trueque duró poco. Los prisioneros eligieron enseguida un dinero, el cigarrillo, y hubo hasta una tienda que vendía solo por cigarrillos: una camisa costaba unos 80. Aquel dinero tuvo los problemas de cualquier otro. Cuando llegaba un gran envío, a veces cientos de miles de cigarrillos en dos semanas, todo subía de precio; cuando dejaban de llegar, los precios caían y volvía el trueque. En enero de 1945 dejaron de llegar los cigarrillos y en febrero, los paquetes de comida. En abril de 1945, escribe Radford, el caos había sustituido al orden.

Fuera de las alambradas pasaba lo mismo: en la Alemania de 1946, el Reichsmark seguía siendo la moneda oficial, pero lo legal solo se compraba con cartilla de racionamiento, la libreta que fijaba cuánto podía comprar cada familia. Para lo demás había trueque y un mercado negro con la moneda del cigarrillo. En el campo, la gente de las ciudades cambiaba abrigos de piel o alfombras por patatas.

Precios del mercado negro en el otoño de 1946
Precios del mercado negro en el otoño de 1946
Producto Precio
Un cigarrillo De 7 a 13 Reichsmark
Un kilo de pan 70 Reichsmark
Un kilo de mantequilla 800 Reichsmark
Ingresos medios de una familia al mes 199 Reichsmark

Lista de un informe policial de ese otoño que recoge el diario Berliner Zeitung en un artículo sobre el mercado negro de Berlín. Un kilo de mantequilla costaba unos cuatro meses de ingresos (800 entre 199 da 4,02; cuenta nuestra).

Todo se acabó en un fin de semana. El domingo 20 de junio de 1948 entró en vigor la reforma monetaria en el oeste de Alemania: nacía el marco alemán y cada persona pudo cambiar 40 Reichsmark por 40 marcos nuevos. Al día siguiente, las tiendas se llenaron de productos que hacía tiempo que no se veían. El Bundesbank, el banco central alemán, lo llama el efecto escaparate. Con un dinero en el que la gente volvía a confiar, el mercado negro se vino abajo.

Argentina, 2002: el país que volvió al trueque

El 1 de mayo de 1995, en Bernal, en las afueras de Buenos Aires, una veintena de vecinos se reunió para cambiar lo que les sobraba de lo que hacían en casa. Lo organizaban Rubén Ravera, Carlos De Sanzo y Horacio Covas. Al principio apuntaban en tarjetas lo que cada uno daba y recibía: un registro de deudas. Después imprimieron billetes propios, los créditos, y un crédito valía un peso. El club de Bernal llegó a tener 3.900 socios y entre 2.000 y 3.500 personas en cada mercado.

Entonces llegó la crisis. El 1 de diciembre de 2001, el Gobierno limitó a 250 pesos por semana el efectivo que se podía sacar del banco: el corralito. En mayo de 2002, el paro llegó al 21,5 %, un récord: unos 3 millones de personas. Según la investigadora Georgina Gómez, el trueque llegó a unos 2,5 millones de personas en unos 4.700 mercados. Un kilo de pan costaba un crédito. Una mujer contaba que la fábrica donde trabajaba su marido le pagaba parte del sueldo en papel higiénico, que ella cambiaba por créditos en el club.

2,5 millonesde personas llegaron a usar el trueque en Argentina, en unos 4.700 mercados
Casi 9 de cada 10créditos eran falsos a finales de 2002, según los organizadores
De 150 a 3.000créditos: lo que pasó a costar una chaqueta de cuero en unos meses

Pero los créditos eran papel, y el papel se puede imprimir. La propia red vendía paquetes de 50 créditos por 3 pesos, cuando imprimirlos costaba 20 centavos, y llegaron las falsificaciones. Una chaqueta de cuero que en un club de Buenos Aires costaba 150 créditos llegó a costar 3.000. Entre julio y agosto de 2002 estalló la crisis de la red, y en pocos meses el trueque se quedó en una décima parte. Los argentinos no habían vuelto al trueque de los manuales, sino a algo parecido a Mesopotamia: papeles que apuntaban lo que se debía y una confianza que los sostenía. Cuando la confianza se rompió, aquel dinero dejó de valer.

Entonces, ¿existió el trueque?

Sí: entre extraños, en campos de prisioneros, en ciudades en ruinas y en un país en crisis. Pero casi siempre entre gente que ya conocía el dinero y se había quedado sin él. Lo que no ha aparecido es el pueblo de los manuales que vivía del trueque hasta que alguien inventó la moneda. Graeber lo resumía con un orden al revés del de los libros: primero, el crédito y las deudas; miles de años después, las monedas; y el trueque, sobre todo cuando las monedas fallan.

No todos los economistas están de acuerdo. En marzo de 2025, el economista Georgy Ganev defendió en un trabajo académico que la conclusión de Humphrey no está demostrada: que nadie haya encontrado ese pueblo no prueba que no existiera. Es verdad. Pero al cuento de Smith le faltan pruebas, y en Mesopotamia sobran tablillas de deuda.

Del barro a la pantalla: las fechas de este capítulo
Del barro a la pantalla: las fechas de este capítulo
Cuándo Qué pasó
Hacia 3200 a. C. Primeras tablillas, sobre todo de Uruk: unas 85 de cada 100, cuentas
Hacia 1750 a. C. Leyes de Hammurabi sobre deudas e intereses
Finales del siglo VII a. C. Primeras monedas, en Lidia
1776 Adam Smith convierte el trueque en la historia oficial
1948 Nace el marco alemán y se acaba el mercado negro
1985 Caroline Humphrey: no se conoce ninguna economía de trueque pura
2002 El trueque argentino llega a unos 2,5 millones de personas y se hunde

Las fechas antiguas son aproximadas.

¿Qué nos enseña el trueque sobre el dinero de hoy?

Un billete de 20 euros no vale por el papel. Vale porque todos confiamos en que mañana alguien lo aceptará. Es una promesa, como aquellas tablillas de barro. Los economistas lo llaman dinero fiduciario, de una palabra latina que significa confianza. Esta historia deja tres ideas:

  • El dinero es, sobre todo, una cuenta. Antes que las monedas hubo registros de quién debía qué a quién.
  • Vale lo que vale la confianza. El Reichsmark de 1946 y los créditos argentinos de 2002 dejaron de servir cuando nadie se fiaba de ellos.
  • Si sobra dinero, suben los precios. Pasó con los grandes envíos de cigarrillos y con los créditos falsos de Argentina: es la inflación, en pequeño.

Volvamos a la carnicería del principio. El panadero se lleva la carne y el carnicero lo apunta, no porque alguien haya inventado la moneda, sino porque se conocen y se fían. Antes que una cosa, el dinero fue eso: una forma de acordarnos de lo que nos debemos. Cinco mil años después, seguimos haciendo lo mismo. Solo que ahora la tablilla es un número en una pantalla.

Las ilustraciones del vídeo son recreaciones hechas con IA; los objetos reales están enlazados en el texto. Las conchas de la India, la sal de Abisinia, las primeras monedas de Lidia, las piedras de la isla de Yap y el corralito tendrán su propio capítulo en la serie. Para no perdértelos, suscríbete al canal de YouTube. Todos los capítulos están en Historias del dinero.

Datos y supuestos

  • El panadero y el carnicero son un ejemplo, no un caso real. Siclos, Reichsmark, pesos y créditos van en su unidad: no tienen equivalencia útil en euros.
  • Cuentas nuestras: los 250 años (de 1776 a 2026) y los cuatro meses de ingresos (800 entre 199 Reichsmark). Las frases citadas son traducciones nuestras.

Contenido divulgativo, no asesoramiento financiero ni fiscal.

Las palabras de esta historia

23 palabras que salen en el documental, explicadas en una o dos frases.

Trueque
Cambiar una cosa por otra directamente, sin dinero de por medio.
Doble coincidencia de necesidades
Lo que necesita un trueque para salir bien: que cada uno tenga justo lo que el otro quiere, y a la vez. William Stanley Jevons la llamó «doble coincidencia» en 1875.
En especie
Pagado con cosas, como animales, comida o productos, en lugar de con dinero.
Antropólogo
Científico que estudia cómo viven los pueblos, a menudo conviviendo con ellos sobre el terreno.
Crédito
La confianza en que alguien te pagará más adelante, y lo que te debe. Para Alfred Mitchell-Innes, el dinero es crédito.
Fiado
Lo que te llevas ahora y pagas más tarde, porque quien vende se fía de ti.
Mesopotamia
La tierra entre los ríos Tigris y Éufrates, en el actual Irak, donde se escribieron las cuentas más antiguas que se conocen.
Ficha de barro
Pieza pequeña de arcilla con forma de cono, esfera o cilindro que representaba una cantidad de grano o de animales. Servía para llevar cuentas antes de la escritura.
Tablilla
Placa de barro en la que se escribía en Mesopotamia. Las más antiguas son de hacia el 3200 a. C., y unas 85 de cada 100 son cuentas.
Siclo
Medida de peso de Mesopotamia: unos 8,5 gramos de plata, como 180 granos de cebada. Servía para poner precio a las cosas, pero no era una moneda.
Interés
Lo que se paga de más por un préstamo. Las leyes de Hammurabi lo limitaban a un tercio en grano y al 20 % en plata.
Servidumbre por deudas
Trabajar para quien te ha prestado hasta pagar la deuda. Hammurabi la limitó a 3 años.
Sumerio
La lengua de los primeros escritos de Mesopotamia.
Ama-gi (amargui)
Palabra sumeria que significa, literalmente, «volver a la madre»: la liberación de quienes trabajaban para pagar una deuda. Es una de las primeras palabras escritas para decir libertad.
Electro
Mezcla natural de oro y plata con la que se hicieron las primeras monedas, en Lidia, en la actual Turquía.
Reichsmark
La moneda oficial de Alemania antes del marco alemán de 1948.
Cartilla de racionamiento
La libreta que fijaba cuánto podía comprar cada familia de los productos básicos cuando escaseaban.
Mercado negro
Compraventa ilegal, fuera de los precios oficiales y de las cartillas.
Bundesbank
El banco central de Alemania.
Efecto escaparate
Nombre que da el Bundesbank a lo que pasó el 21 de junio de 1948, el día después de la reforma monetaria: las tiendas se llenaron de productos que hacía tiempo que no se veían.
Corralito
El límite que puso el Gobierno argentino el 1 de diciembre de 2001 al efectivo que se podía sacar del banco: 250 pesos por semana.
Créditos del trueque
Los billetes que imprimían los clubes de trueque de Argentina. Un crédito valía un peso.
Dinero fiduciario
Dinero que vale porque todos confiamos en que otros lo aceptarán, no por el material del que está hecho, como un billete de euro. La palabra viene del latín y tiene que ver con la confianza.

Cuándo y dónde

La época

Del 3200 a. C. a 2002

Los lugares · 1

  1. Escocia, la Polinesia, Nepal, Mesopotamia (Uruk, Babilonia y Lagash), Alemania y Argentina

La moneda

Medio penique de cobre de Jorge III (1775), recreación generada con IA

La moneda del capítulo 2

Medio penique de cobre de Jorge III (1775)

Recreación generada con IA de un medio penique británico de cobre de Jorge III, de 1775, una moneda pequeña de la Gran Bretaña de Adam Smith, que publicó La riqueza de las naciones un año después. En el anverso, el rey con corona de laurel; en el reverso, Britannia con escudo y lanza. No es la foto de una pieza de museo.

El monetario de la serie

Preguntas frecuentes

¿Qué es el trueque?

El trueque es cambiar una cosa por otra directamente, sin dinero: una hogaza de pan por un trozo de carne o cigarrillos por chocolate. Su gran problema es que solo funciona si el otro necesita justo lo que tú ofreces y en ese momento, lo que el economista William Stanley Jevons llamó en 1875 la doble coincidencia. En el campo de prisioneros que describió el economista Richard Radford en 1945, por ejemplo, el trueque duró poco: los prisioneros eligieron enseguida el cigarrillo como dinero.

¿Qué es la doble coincidencia de necesidades?

Es lo que necesita un trueque para salir bien: que cada uno tenga justo lo que el otro quiere, y a la vez. Jevons lo explicó en 1875 con Mademoiselle Zélie, una cantante de París que, por un concierto en la Polinesia, cobró su parte en 3 cerdos, 23 pavos, 44 gallinas y 5.000 cocos que no podía convertir en otra cosa. Según los manuales, el dinero se inventó para resolver ese problema.

¿Existió alguna vez una economía basada en el trueque?

No se ha encontrado ninguna. En 1985, la antropóloga Caroline Humphrey escribió que nunca se ha descrito un solo ejemplo de economía de trueque pura y simple, y en 2011 David Graeber llamó a esa historia el mito del trueque. El trueque sí ha existido, pero sobre todo entre extraños o entre gente que conocía el dinero y se había quedado sin él. Hay quien discute esa conclusión: en 2025, el economista Georgy Ganev defendió que no está demostrado que ese pueblo no existiera.

¿Quién inventó el dinero?

No se le conoce un inventor. Las cuentas y las deudas más antiguas que se conocen están en Mesopotamia, en el actual Irak: fichas de barro y, desde hacia el 3200 a. C., tablillas, la mayoría de la ciudad de Uruk y unas 85 de cada 100 de contabilidad. Allí se ponía precio a las cosas en siclos, unos 8,5 gramos de plata que se pesaban en una balanza. Las primeras monedas no llegaron hasta finales del siglo VII a. C., en Lidia, en la actual Turquía: más de 2.000 años después de esas cuentas.

¿Dónde ha existido el trueque de verdad?

Donde el dinero desaparece. En los campos de prisioneros de la Segunda Guerra Mundial, donde los cigarrillos de la Cruz Roja acabaron haciendo de dinero; en la Alemania de 1946, donde un kilo de mantequilla costaba 800 Reichsmark en el mercado negro, unos cuatro meses de ingresos de una familia; y en la Argentina de 2002, donde el trueque llegó a unos 2,5 millones de personas en unos 4.700 mercados. Y el trueque puro duró poco: los prisioneros adoptaron el cigarrillo como dinero, Alemania lo dejó atrás con el marco alemán de 1948 y los clubes argentinos usaban sus propios billetes, los créditos.

Fuentes

  1. Museo del Louvre, cono C de Urukagina, rey de Lagash collections.louvre.fr · consultada el 23 de octubre de 2026
  2. Página/12, 26 de julio de 2002: paro del 21,5 % en mayo de 2002 según el INDEC pagina12.com.ar · consultada el 23 de octubre de 2026
  3. Ámbito, 15 de febrero de 2002: un kilo de pan, un crédito ambito.com · consultada el 23 de octubre de 2026

Quién hace esta historia. El equipo de Titanes del Dinero: escribimos el guion del vídeo, hacemos las cuentas con datos oficiales y las dejamos aquí para que puedas repetirlas. Si ves un error, escríbenos a info@titanesdeldinero.com.

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